ol.jpgTodos vuelven. Nolberto Solano es uno de ellos. Nuestro jugador de fama internacional reafirmó su disposición a regresar al país para integrar la Selección Peruana. Es una buena noticia, que sin embargo debemos analizar de manera concienzuda.

Es bueno que el “Ñol” se integre a la Selección, pero su venida deja también en evidencia un fenómeno recurrente y triste al mismo tiempo: Aquellos que siempre deberían estar por aquí, siempre están por allá.

En otras selecciones nacionales, los jugadores más importantes nunca se desligan de ellas, a pesar de estar fichados en clubes europeos o latinoamericanos, lejos de su tierra. La diferencia con el Perú es que en nuestro caso los jugadores sólo vienen para eliminatorias y algún otro campeonato internacional.

Una selección nacional sin continuidad nunca lo llegará a ser con letras mayúsculas. Los estilos nunca se lograrán fusionar, las mentes jamás terminarán sincronizadas y las jugadas y pases en profundidad seguirán teniendo como destino el borde opuesto de la cancha.

Entre algunos factores importantes que condicionan esta realidad, está la poca seriedad que estos jugadores ven en los dirigentes de la federación. Sus manejos no les inspiran la menor confianza. Por eso, lo que podría ser un fichaje extranjero en adecuada combinación con sus compromisos locales y que no impida entrenamientos permanentes con el equipo de su país, termina siendo una visita médica de rutina, con diagnósticos mediocres y pronósticos imposibles.

Con razón Solano se ha referido sobre esa dirigencia como poco menos que reos contumaces, por su actitud mercantilista y deshonesta. indicó además que él no tiene ningún enfrentamiento con Chemo del Solar, como se ha deslizado por ahí, y que eso es sólo buscar líos distractores donde no los hay. Podemos adivinar de dónde vienen esos rumores, Ñol. Y si vas a volver, tienes que estar preparado, pues los eternos elefantes blancos harán todo lo posible por hacerte la vida imposible.

¿Estás dispuesto a sufrir el sacrificio? ¿Tienes la voluntad definida de cargar junto con tus compañeros la cruz que otros tallaron y que no dudarán en azotarlos por el simple placer de demostrar su poder?

Si es así, debes saber, Ñol, que ninguno de ustedes estará sólo. La hinchada ya conoce a estos  romanos y a sus fariseos mediáticos. Y sabrán ejercer su peso en la balanza del mérito versus la usura y el despilfarro egoísta.

Es posible hacer fútbol en el Perú. Es posible si somos equipo, antes que suma de individualidades. Es posible, a pesar de quienes tienen la responsabilidad de hacerlo realidad, sin dignarse siquiera a contemplar la posibilidad.

Mirémoslos a su manera, Ñol. Mirémoslos con el rabillo del ojo. Ni tanto que se la crean, ni tan poco que los perdamos de vista.

Foto: libero.com

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