peruarg.jpgEn la noche del sábado de gloria de Machu Picchu, luego de ser elegida por el mundo como una de las Nuevas Siete Maravillas, ya se oía entre los orgullosos peruanos sobre la necesidad de ver a la selección de fútbol mostrándose en la cancha a la altura del coloso incaico.

Pero lo que se vió al día siguiente en Barquisimeto estuvo más acorde con el velatorio masivo del grupo Néctar. Fue un día negro para el fútbol peruano. Aunque hace ya tiempo que las camisetas blanquirojas debieron haber sido cambiadas por un luto riguroso.

Son las dos caras de un mismo país. Mientras por un lado millones de personas (entre peruanos y extranjeros) apoyaron la mención de nuestra ciudadela; por el otro, improvisados que viven más preocupados de la buena vida y las invitaciones a programas faranduleros, demandaron millones de soles en inversión, costeados por todos los peruanos, para poder ir de turistas a Venezuela y comprarles recuerditos a sus familiares.

Mientras por un lado politicos, peatones, artistas, empresas y gobierno unidos, hicieron causa común en una campaña masiva y perfectamente sincronizada; por el lado del fútbol las argollas, la ambición, la negociación por lo bajo y el desfalco impune se encargaron de crear un híbrido de selección contra el reloj, con poquísimo entrenamiento y apelando a los milagros que pudieran hacer figuras individuales. Mientras tanto, poner cara seria y demostrar un carácter seguro y fuerte eran sus herramientas de disuasión, frente a un público escéptico que finalmente los apoyó, a pesar de todo.

Frente a los micros mostraron aparente interés (dentro de lo que se les puede decodificar de sus monocordes respuestas) por dejar en alto el nombre de su tierra, “darlo todo en la cancha” y “hacer lo mejor que podamos” para lograr “resultados”. Pero la verdad es que, seguros ya de que iban a recibir sí o sí su abultada bonificación, se burlaron sembrando la esperanza en la hinchada, tan necesitada de confiar en que -esta vez sí- eran sinceros en su esfuerzo y estaban realmente preparados.

Pero nos queda Machu Picchu como moraleja, como punto de partida para promover la importancia de un verdadero trabajo en equipo, de quienes la construyeron hace más de quinientos años y de quienes hoy sí “sudaron la camiseta” y “dieron de verdad todo en la cancha” por “dejar bien en alto el nombre de su tierra”.

Foto: rpp.com.pe

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