El último partido no podía jugarlo en la cancha, pero decidió hacerlo desde una cabina de transmisión. Nolberto Solano, el capitán de la selección, apareció sorpresivamente al lado de Eddie Fleischmann comentando en vivo el partido que sus compañeros jugaban y perdían frente a Bolivia por las eliminatorias para Sudáfrica 2010.

Y “Ñol” no se calló. Dijo todo lo que pensaba, bueno o malo, con razón o sin ella. Lo más relevante fue lo siguiente (casi textual):

“tenemos dos zagueros que no hablan; en un partido como éste hay que tener más personalidad”

“hacemos jugadas defensivas en línea y no lo hemos practicado, por eso nos ganan las espaldas”

“ese chico (Guizasola) está muy estático, le cuesta meterse en el partido”

“deberían jugar más por el lado de Vargas

Esas fueron algunas de las frases que soltó Solano durante la transmisión. Si nos ponemos a revisar, “Ñol” tiene razón. Pero ese no es el caso. Eso no le correspondía a él decirlo en público. No de esa manera mientras sus compañeros se rompían en el campo. Hay “códigos” en el fútbol y uno de estos dice que los trapitos sucios siempre se lavan en casa. Ojo que aquí no estoy criticando lo que dijo (en ese aspecto estoy de acuerdo con él), sino el mensaje que indirectamente manda al grupo, a sus compañeros.

Yo admiro a “Ñol”, me parece un jugador extraordinario, seguramente el mejor jugador en los últimos 15 años. Pero el sábado se equivocó. En un ambiente donde conviven 20 jugadores, no todos tienen la misma personalidad ni piensan igual. A alguno le puede haber molestado que ventile cosas de la interna o sus opiniones sobre sus compañeros en público. Y tendrían razón.

Ojalá que la desafortunada aparición televisiva de Solano no haya resquebrajado al grupo ni generado molestias. En todo caso unas disculpas (siempre en la interna) no caerían mal.

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