Una lluvia de emociones abraza a la Selección Peruana Sub 17, minutos antes de salir a la cancha del inmenso estadio de Suwon, los lazos negros adornaban la blanquirroja y un minuto de silencio por las víctimas contuvo los corazones de miles de aficionados en tribunas. El Himno Nacional de Perú salió más potente que nunca de las gargantas resueltas y en tensión de los muchachos, para finalmente dar paso al inicio del encuentro.

Luego de los primeros minutos de nervioso aclimatamiento, los “jotitas” empiezan a apropiarse del terreno por zonas. Reimond Manco comienza a faltarle el respeto debido al anfitrión, y termina rompiéndole la cintura y volviéndolo loco.

El minuto 29 no se hizo esperar. Las ganas contenidas por cientos de miles de peruanos de gritar un gol que alivie y sirva para olvidar un momento la catástrofe vivida, tuvieron su recompensa. Manco ya era un tifón en campo coreano y tras varios intentos previos finalmente concreta un tiro libre al arco oriental. El portero coreano Seung Gyu ya no sabía qué esperar de Manco y se desesperaba gritando indicaciones a sus defensas. Todo fue en vano. Un lindo sombrero de ala ancha tejido con arte por nuestro “inca” se dibujó en su asombrada testa. Mientras tanto, aquél que sería el mensajero la Buena Nueva, Carlos Alonso Bazalar, ya estaba en posición, recordando tal vez las proféticas palabras de su padre horas antes, diciéndole que Perú ganaría y que lo haría además con un gol suyo.

Alentado por aquella visión y por la perfecta curva dibujada por su compañero en el dominio aéreo del área contraria, Bazalar irrumpe entre todos y de un soberano cabezazo envía el balón hacia el arco. Este pasa por sobre un golero ya inerte y resignado, el balón rebota en la esquina superior opuesta de la valla contraria… y es entonces cuando Dios reclama su verdadera nacionalidad: con un roce de su divina diestra, perfila la pelota en su retorno justo hacia el lugar donde yacía Bazalar luego del cabezazo, quien reconoce el “pase” y lo agradece con una leve inclinación de su frente; suficiente para hacer historia.

Entonces, otro temblor remece al país entero, pero esta vez el epicentro se ubica muy lejos, en tierras extranjeras. Sus ondas viajan miles de kilómetros por todo el planeta y estremecen millones de corazones peruanos que a un solo grito contagian al mundo entero con su inmensa alegría. Alegría que fluye del mismo autor de tan necesitado presente a su patria, y que firma con un “chinito” dedicado a su hermano fallecido, y de paso a todo el Perú.

La alegría viaja por el aire, se cuela por cables, antenas y paredes, deja atrás a caravanas de camiones, se sienta alrededor de decenas de fogatas encendidas en parques y plazas y llega primero que todos al pecho de nuestros hermanos de Ica. La imagen de Bazalar y su gol colma nuevamente sus ojos de lágrimas, pero está vez son de silencioso agradecimiento.

Gracias, muchachos! Su triunfo en estas horas trágicas vale un Perú!

Foto: Peru.com

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