chemo.jpgMaturana, Company, Autori… la lista de entrenadores que ha tenido la selección peruana de fútbol desde nuestra última participación en un mundial es larga.

Con algunas alteraciones mínimas, las razones de los cambios eran los resultados catastróficos que se tenían, sin excepción, culpando directamente al entrenador. De esta manera se intentaba limpiar la cara de la Federación Peruana de Fútbol, desviando la atención y limitando la solución del problema a cualquier otra cosa, con tal que no afecte los intereses de la dirigencia ni de sus aliados de turno.

A pesar de tantos años sin codearnos con los mejores chimpunes del mundo en un campeonato mundial, los dirigentes del fútbol no han dejado de tener sus caserones ni de pagar sus servicios domésticos. Tampoco han tenido que vender sus autos del año para poder subsistir, ni han visto anuladas sus tarjetas de crédito por falta de pago. A pesar de esta crisis que viene sufriendo el fútbol peruano durante décadas, ellos siguen ganando sus porcentajes y regalías a cambio de administrar eficientemente el statu quo.

¿Podemos esperar entonces que les importe en algo solucionar de una vez por todas esta situación. ¿Para qué, si todo está bien en sus bolsillos? Es por eso que nunca veremos una reforma verdadera(ahora que la palabra está de moda) en el fútbol. Jamás se invertirá con decisión en semilleros. No veremos buenos entrenadores, mejor equipamiento y entrenamiento para alta competitividad o campañas permanentes de caza de talentos a nivel nacional.

Nunca se ordenarán asambleas, debates o auditorías públicas de la Federación. Seguiremos hastiados de ver como envejecen en pantalla las mismas caras, a cargo por turnos de la voz cantante en un círculo vicioso tan grande como un estadio. Visitaremos muchas veces más, guiados por algún periodista, las confortables oficinas de un dirigente que responde con gravedad y total vacío emocional las diversas preguntas paporreteadas de un libreto amarillento, cómodamente insertado en un sofá ergónomico de fino cuero.

Cuando lo más honorable sería optar por retirarse de las eliminatorias y de cualquier otro cotejo internacional hasta lograr madurez organizacional, deportiva y emocional, se sigue aferrando al público a una esperanza vaga, mantenida con vida -como se hace con un moribundo al aplicarle inútilmente el resucitador eléctrico- por auspiciadores que nunca perderán. Imposible hacerlo en un país donde se juega fútbol (y se toma cerveza) hasta en la más alejada esquina de nuestro subdesarrollado barrio.

Ahora Chemo viene a formar parte del baile sin fin. Una vorágine que tiene mareado al hincha y que se presenta en todos los medios como una “noticia”, cuando noticia es supuestamente algo novedoso, que merece destacarse de la rutina. Y aún así se comenta, y se debate y se pelea por el tema en todos los rincones del país. Inútil derroche de argumentos van de un lado al otro, pues todos caen en un inmenso barril profundo… y hueco.

Cuando la capacidad, el profesionalismo y la planificación coincidan en todas las ramas de la organización futbolística, desde las cúpulas hasta la cancha, entonces veremos surgir un nuevo fútbol en el Perú, un fenómeno genuino y constante. Algo a lo que de gusto y orgullo llamarlo Fútbol Peruano.

Foto: Libero.com.pe

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