wwwcrwflagscom.JPGLa característica y muy tradicional manera que tenemos de jugar al fútbol en el Perú está ocasionando que los clubes deportivos tengan que pagar con la suspensión de sus jugadores por la violencia y el poco profesionalismo que demuestran en la cancha.

La Asociación Deportiva de Fútbol Profesional (ADFP) acaba de bajarles el dedo a varios. A la fecha ya hay por lo menos ocho personas suspendidas, entre técnicos y jugadores, con penas graduadas de acuerdo a la gravedad de la infracción: Rodrigo Saraz (Sport Boys), Guillermo Guizasola (Cienciano), Adán Balbín (Bolognesi), Mario Leguizamón y Wenceslao Fernández (San Martín), sancionados con una fecha de suspensión; Eduardo Asca (ex técnico del Alianza Atlético) y Miguel Miranda (asistente técnico del Bolognesi), dos fechas de suspensión; y Edwin Pérez (San Martín), que se lleva las palmas con tres fechas se suspensión.

Debido a estas sanciones, que incluyen tarjetas rojas, amarillas, acumulación de tarjetas, reiterados llamados de atención, etc.), sus equipos se verán disminuidos para los siguientes compromisos, teniendo la peor parte el representativo de la Universidad de San Martín de Porres con tres amonestados. Una pequeña muestra, sin embargo, a juzgar por todo lo que se ve en las canchas.

La definición más simple que se conoce de profesional es aquella que lo reconoce como una persona capacitada para ejercer la profesión que eligió de manera eficiente y de acuerdo con las exigencias y las normas del rubro en el que eligió desarrollar su talento. La manera profesional de encarar sus labores debe estar a la altura y guardando el respeto debido a todos los que trabajan con él.

En nuestro medio futbolístico estas premisas no se cumplen ni remotamente. Donde reina la improvisación, la pichanguita, la falta de autoestima y el champazo, ¿cómo puede tener cabida algún tipo de filosofía que destaque y promueva el verdadero espíritu deportivo y que haga del juego limpio una realidad?

La crisis de varios clubes es el pretexto que más fácilmente se podría argumentar; por supuesto que fuera de cámaras. Pero también es cierto que esta mentalidad está a años luz de la que los “jotitas” han mostrado al mundo. Sin embargo, haciendo alarde de un desprecio mayúsculo, “Chemo” Del Solar afirma que no se siente presionado por el desempeño de los juveniles en su Mundial. Una pena, pues sentiría esa presión (y tendría esa grandeza) si tuviera realmente el espíritu competitivo que se espera de las selecciones que pretenden clasificar a un campeonato; espíritu que además debe contagiarse entre todos, empezando desde el comando técnico hacia abajo. Pero no: se prefiere ningunear al que se atrevió a humillarlos al demostrar cómo se debe actuar dentro y fuera de la cancha.

¿Dónde está la solución, entonces? Por lo pronto sabemos que no está en cambiar de entrenador como se cambia de medias, tampoco despreciando los buenos ejemplos y menos dedicándose a la matonería gratuita y el peloteo mediocre. La solución está oculta en los corazones grandes de aquellos jóvenes de origen modesto. Bajémonos entonces de nuestros pedestales, acerquémonos con sincera admiración …y preguntémosles cómo se hace.

Foto: Crwflags.com

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