peru21.jpgDicen que las oportunidades se presentan una vez en la vida. Y en la vida “íntima” está es una verdad del tamaño de una catedral.

El Club Alianza Lima parece no reconocer este antiguo refrán. Su actuación frente al Bolognesi en Tacna quedó en cero, al igual que su rival. De haber sido un partido diferente, en el que se percibiera algún atisbo de genuina preocupación por la situación del equipo en la tabla, el mismo empate sería motivo de merecidos elogios.

Pero en esta oportunidad se le sumó una clarísima apatía, una indiferencia total frente a la situación y un escaso compromiso por hacer lo mejor posible, aunque esto no se tradujera necesariamente en el abatimiento de las redes contrarias. Lo que si se vio fue una serie de peloteos por parte de ambos bandos, con un juego impreciso y fuerte, pero en las defensas. El amedrentamiento como estrategia habría podido ser más efectivo y útil si se hubiera mostrado en el frente.

Arrué pareció haber sentido esto en el estadio sureño, motivo que lo impulsó a incluir a Reimond Manco en el segundo tiempo, como para reconciliar su gestión frente a la hinchada. La brillante luz que emitió el “jotita” hubiera destacado en la cancha, si no hubiera sido camuflada por las sombras que avanzaban a medio trote a su lado.

Cuando era necesario mostrar un cambio, un enderezamiento de conciencias y reconciliarse con la tribuna, fue cuando menos se alteró algo, incluyendo la tabla de posiciones.

El Torneo Clausura sigue avanzando y una golondrina no hace verano. Ni Manco ni el resto de juveniles pueden ser considerados la solución para la crisis aliancista. Puede que el flamante entrenador íntimo no haya sabido inyectar aun el cambio de mentalidad necesario a sus dirigidos. Aunque parece más probable que la naturaleza humana esté mostrando, a través de los jugadores blanquiazules, sus más bajas emociones: envidia, desencanto, derrotismo y celos; esos peligrosísimos celos.

Estos mismos celos fueron señalados antes como el riesgo natural que se corría al incluir a los “jotitas” íntimos en la selección principal; decisión más que acertada, a pesar de todo. Pero el mensaje puede haber sido muy mal captado por los mayores y si es así, el equipo podría estar condenado a la congeladora y a cruzar la frontera hacia la Segunda División.

Ya se está trabajando con los nuevos “potrillos”, y eso está bien. Pero con quienes el reto será gigantesco está en los humillados titulares. El comando técnico tiene entonces la difícil misión de convencer a quienes, por su edad y experiencia, tienen todo muy claro. Demasiado claro, para cambiarlo a estas alturas del partido.

Foto: Peru21.com

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