adpf.jpg Al parecer se han definido ya dos grupos de poder antagónicos en el Fútbol Peruano: Por un lado el Directorio de la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional (ADFP) y por el otro la Comisión Seleccionadora.

El primero, cuya cabeza visible en estos días es su Presidente, Rafael Rizo Patrón (en la foto), ha calificado como “descortesía” que el segundo grupo, representado por Juvenal Silva y José Mallqui, haya nombrado a Enrique La Rosa como Gerente Administrativo.

Muy aparte de las razones legales o la aptitud profesional que esgriman ambos equipos, unos en contra y otros a favor de la designación, con esta situación desenmascaran ante la opinión pública los verdaderos intereses que mueven sus muñecas a la hora de firmar papeles.

No es el interés en el fútbol como deporte, sino como negocio oligopólico el que cuidan. Rencillas, rumores, serruchos y golpes bajos abundan en esta vieja tribuna de “honor”. El ansia de poder total o por lo menos mayoritario hace que quienes deben rendir cuentas ante sus superiores, confabulen tinterilladas para desacatar y neutralizar los hilos que limitan su influencia. Por otro lado, quienes son llamados a demostrar una óptima gestión administrativa y que están por encima de estas situaciones, salen al aire calificando la actuación de sus subordinados.

La desarticulación flagrante de la institución deportiva no auspicia buenos augurios para el desarrollo profesional del fútbol, ni genera optimismo sobre la posibilidad de asunción plena de sus responsabilidades o la ejecución de las mejoras esperadas en la organización.

El ejemplo debe empezarse a dar desde arriba. Pero si en las cabezas reina la intriga, ¿con qué cara exigen resultados y seriedad al resto?

Foto: Peru.com

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