El Estadio Minerao de Belho Horizonte fue el escenario del encuentro entre Brasil y Argentina por la sexta fecha de las Eliminatorias Sudáfrica 2010, en una nueva edición del llamado Clásico Sudamericano. El partido acabó con un empate a cero entre ambas potencias, que le permite al cuadro que dirige Alfio “Coco” Basile quedar sumar once puntos, a dos del líder Paraguay.

A diferencia de otras oportunidades, ambas escuadras llegaron al encuentro en medio de cuestionamientos y malos resultados en el fin de semana. En tienda albiceleste surgieron rumores de divisiones internas dentro del plantel tras el empate ante Ecuador en Buenos Aires. Mientras tanto, en Brasil se extraña a los jugadore ausentes (como Kaká y Ronaldinho) mientras que se comienza a cuestionar la labor de Dunga tras las dos últimas derrotas consecutivas (el amistoso ante Venezuela y ante Paraguay por las eliminatorias).

Por tal motivo se pudo apreciar por grandes pasajes un partido deslucido y trabado, impropio de dos países con tantos buenos jugadores dispersos por todo el mundo. Felizmente para el espectáculo, hubieron dos jugadores que intentaron hacer algo distinto, en romper la monotonía. Estos fueron Robinho y Lionel Messi, quienes por momentos enarbolaron la bandera del buen fútbol e intentaron desnivelar sin éxito en el arco rival.

El final de encuentro trajo la reacción del público brasileño que despidió a su equipo en medio de silbidos e insultos al Scratch, que tras dos fechas sólo haya podido sumar un punto y de local. Una sola unidad que es lo mismo que cosechó la Selección Peruana en la misma cantidad de partidos.  No es que Brasil corra peligro de no clasificar al Mundial, pero ya sabemos que Brasil no sólo tiene que ganar, sino que tambien jugar bonito.

Fotos: Reuters

 

 

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